7 errores que dañan tu reloj (y cómo evitarlos)
Por Heurea · 14 de octubre de 2026 · 3 min de lectura
Un reloj bien cuidado puede llevarse durante años. Sin embargo, bastan unos cuantos hábitos aparentemente inofensivos para rayar el cristal, estropear una correa o dejar que entre humedad en la caja. Estos son los siete errores más comunes y el hábito correcto para cada uno.
1. Confundir resistente al agua con sumergible
Es el error número uno. Un reloj de 3 ATM resiste salpicaduras, lluvia y el lavado de manos, pero no la ducha ni el baño. El agua caliente y el jabón debilitan las juntas, y los cambios bruscos de temperatura favorecen la condensación bajo el cristal.
El hábito correcto: quítate el reloj antes de ducharte, bañarte, nadar o darte un chapuzón en el mar. Si aparece vaho bajo el cristal, deja secar el reloj en un lugar templado y llévalo al relojero si no desaparece.
2. Manipular la corona con las manos mojadas
La corona, ese pequeño botón que sirve para poner el reloj en hora, es la parte más vulnerable de la caja. Cuando se saca a la posición de ajuste, abre un camino al agua y al polvo.
El hábito correcto: pon el reloj en hora con las manos secas y vuelve a empujar siempre la corona hasta el fondo.
3. Dejar una pila agotada dentro del reloj
Un reloj parado y olvidado en un cajón es una pila esperando a sulfatarse. El líquido que suelta puede dañar el movimiento de forma permanente.
El hábito correcto: en cuanto el reloj empiece a atrasar o se pare, cambia la pila. En algunos movimientos, el segundero incluso empieza a avanzar a saltos de varios segundos, señal de que la pila se está agotando. Cuenta con unos dos años de autonomía en un movimiento de cuarzo, y haz que retiren la pila de cualquier reloj que no vayas a usar durante mucho tiempo.
4. Descuidar la correa de cuero
Al cuero no le sientan bien el agua, el sudor ni el perfume. Una correa demasiado apretada cuando hace calor se marca, se deforma y acaba agrietándose.
El hábito correcto: deja un dedo de holgura entre la correa y la muñeca, limpia el cuero con un paño seco después de un día caluroso y altérnalo con una correa de malla o de nailon en verano. Ponte el perfume antes que el reloj, nunca directamente sobre él.
5. Guardar los relojes amontonados
Tirados en una bandeja o apilados en un cajón, los relojes se rayan entre sí: el cristal, la caja y el cierre, todo sufre.
El hábito correcto: dale a cada reloj su sitio. Una caja para relojes con cojines individuales, como nuestro modelo de 6 espacios con tapa de cristal, protege cada reloj del polvo y los golpes y mantiene tu colección a la vista. De viaje, un estuche enrollable con compartimentos evita que los relojes choquen entre sí dentro de la maleta.
6. Exponer el reloj a temperaturas extremas
La sauna, el salpicadero de un coche a pleno sol o pasar de una playa abrasadora directamente al agua fría someten las juntas y la correa a un gran esfuerzo. El calor también reseca el cuero y la madera.
El hábito correcto: quítate el reloj en la sauna y en el baño de vapor, no lo dejes al sol detrás de una ventana y evita los cambios bruscos de temperatura.
7. Limpiar con productos agresivos
El alcohol, el exceso de gel hidroalcohólico y los productos de limpieza del hogar opacan el acero, resecan el cuero y atacan las juntas.
El hábito correcto: para la caja y los brazaletes de metal basta con un paño de microfibra apenas húmedo. Para un reloj de madera, como nuestro reloj de sándalo, usa un paño seco y nutre la madera con una gota de aceite vegetal una o dos veces al año.
Tu rutina de cuidado, de un vistazo
- Cada día: limpia el reloj antes de guardarlo
- Cada semana: limpia la caja y la correa con un paño de microfibra
- Cada temporada: revisa los pasadores y el estado de la correa
- Cada dos años, aproximadamente: pide a un relojero que cambie la pila
Con estos sencillos hábitos, tu reloj conservará el aspecto del primer día durante mucho más tiempo.